A todos nos ha tocado vivir tiempos difíciles y de hecho a nadie nos gustan. Es una verdadera molestia, nos sentimos desanimados y preocupados, todo nuestro entorno cambia y se vuelve incierto ¿Sabes de qué hablo? Sí, lo imaginaba, sé que te ha tocado pasar por alguno que otro de esos también.
Hoy no quiero tratar de justificar los tiempos malos o ser desmedidamente optimista, se me hace que serlo es una falta de respeto para ti y para mí también. Creo que cuando tratamos de encontrarle el lado bueno a todo, corremos el riesgo de negar lo que nos duele y nos quitamos espacio, que de por sí ya se ve afectado por el problema. Hay sucesos que no tienen un lado bueno y listo.
Pero sí puede haber algo valioso detrás de todas las crisis y es la respuesta que nosotros tenemos hacia lo que no controlamos o nos duele. Ponle nombre: Enfermedad, falta de recursos, un corazón roto, inseguridad, incertidumbre… ¿Cómo respondemos? Crecemos y encontramos espacios nuevos o nos volvemos parte del caos y contribuimos a crear más.
¡Detente tantito! No dejes que el problema te haga dar vueltas a su ritmo porque va a intentar marcarte el paso. Hace que reacciones al mismo compás que él: de prisa, con miedo, desesperación y dudas.
Sé que no es fácil detenerse un momento y dejar que la tormenta haga lo que sabe hacer (mucho ruido, truenos, inundaciones...) y entonces tomar el tiempo para decidir cómo responder. Es mucho más fácil volvernos parte del mismo caos y gritar también, crear más ruido, reaccionar, dejar que las emociones se descontrolen y pensar en lo peor.
Pero el resultado no es el mismo, cuando dejamos que el problema se vuelva parte de nosotros porque ocupa nuestro terreno y nos llena de confusión. Lo curioso es que es la respuesta que más usamos tratando de recuperar el equilibrio, pero en realidad le estamos echando más leña al fuego (como diría mi abuela) y cavamos un hoyo que nos lleva cada vez más profundo y nos va dejando sin luz. No tiene sentido agregar mal al mal, el mal se vence con el bien (Rom 12:21).
Sé que abrirnos a pensar diferente no es una tarea sencilla, porque sentimos que nos hace vulnerables y no se siente lindo. Pero piensa que cuando pasamos por una crisis todas nuestras barreras se hacen pedazos y lo que nos importaba mucho, deja de hacerlo. Entonces ponemos el foco en lo que realmente es importante para nosotros. Ese es justamente el momento en que podemos crecer, porque nos deja un lienzo nuevo, adolorido pero en blanco. El dolor rompe muchas de las cosas que creíamos indispensables y deja espacio para tener más claras nuestras prioridades y una fe más sólida.
El caos nos enseña en dónde tenemos nuestra confianza y también de dónde viene nuestra fuerza.
¿Y si uno de los propósitos de las crisis fuera abrir espacio para algo nuevo? Porque un problema además de desordenarnos la vida; también sacude aquello sobre lo que habíamos construido nuestra seguridad y que igual y no nos estaba sosteniendo bien.
Y cuando todo se mueve, por doloroso que sea, tenemos la oportunidad de descubrir sobre qué estamos realmente apoyados. Recuerda que todo lo que vemos es temporal, sí la crisis lo es también, pero lo que no vemos es eterno (2 Co 4:18) y aunque hoy sientas que no ves lo que Dios está haciendo créeme, Él está trabajando.
Nos cansamos porque luchamos con toda nuestra fuerza por encontrar equilibrio. Pablo diría: “…no hubo descanso para nosotros porque enfrentamos conflictos por todos lados, con batallas por fuera y temores por dentro…” (2Co 7:5). Tal cual.
Para y pregúntate ¿Cómo respondo al caos? o más bien ¿reacciono y bailo a su ritmo?
Confiemos, creamos radicalmente en quien es Dios, en su bondad y en su amor inagotable. Vamos a buscarlo y a recordar lo que Él ha hecho antes aún cuando no nos dábamos cuenta.
Porque esto que vivimos puede ser absolutamente imposible de superar para todos menos para Dios (Lc 18:27).
El caos intentará marcar el ritmo pero la paz comienza cuando decides dejar de seguirlo y empiezas a confiar.
Continuará…
Abrazo enorme
Val Morales

Amé, "El caos nos enseña en dónde tenemos nuestra confianza y también de dónde viene nuestra fuerza." Uuuff totalmente!
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