¿Has notado que cuando dejas de moverte empiezas como a entumirte? Alguna vez un médico me dijo que lo que se inmoviliza se atrofia y eso puede llegar a ser doloroso. Si alguna vez te han puesto un yeso, ya sabes de lo que hablo. Cuando llega el día en que te lo quitan seguramente piensas que vas a salir caminando como si nada hubiera pasado. Pero resulta que tu pie no responde como esperabas. Necesitas tiempo para recuperar la movilidad y, en ocasiones, hasta algunas sesiones de terapia para volver a ponerlo en marcha. Necesitamos permanecer en movimiento porque estamos vivos. Todo lo que tiene vida necesita espacio para desarrollarse, crecer y renovarse. Hace algunos años tenía un dolor crónico en la espalda. Cada vez que intentaba hacer ejercicio, el dolor volvía y yo ya estaba resignándome a vivir con él, cuando decidí comenzar con ejercicios de estiramiento para ver si lograba algún cambio positivo. Poco a poco, tratando de respetar los límites de mi cuerpo, fui descubriendo algo:...
Siguiendo con nuestra reflexión acerca del caos, me acordé de un pasaje que quiero platicar contigo. Es sobre un día en el que Jesús estaba en una barca con sus discípulos. Él había pasado mucho tiempo enseñando, y les pidió que se movieran de donde estaban, hacia el otro lado (Mr. 4:35-41). Fíjate cómo los guía con una instrucción muy sencilla: es hora de pasar a otra parte, y les dice a dónde. Cuando empezaron a navegar para hacerlo, Él se quedó dormido. Y entonces… Se desató una tormenta horrible. El viento sopla con fuerza, las olas golpean la barca y el agua comienza a entrar. La situación se vuelve caótica y los discípulos se asustan muchísimo. Entonces van a despertar a Jesús y, en medio de su angustia, le reclaman: ¿Señor no te importa que nos muramos? Imagínate cómo se sentían. La cosa no estaba tan fácil. Recuerda que algunos de ellos eran pescadores y sabían navegar; la tormenta no era una exageración. Estaban de verdad en medio de una crisis. Y aquí es donde la histori...