Todos tenemos un cajón en el que guardamos las cosas que no sabemos en donde poner...ya sabes a cuál me refiero, ¿verdad? De pronto ya no le cabe nada más, y quisiéramos que se vaciara como por arte de magia y no tener que lidiar con los recibos, papeles, ligas, un listón, pilas, dos tornillos de quién sabe dónde, la tarjeta de navidad, el recuerdito del bautizo y dulces todos pegajosos que ahora hay que revisar. El alma funciona igual, pero en lugar de chucherías, en ella guardamos otro tipo de cosas, como las experiencias muy buenas (y las muy malas también). Y en el cajón del alma... Tenemos una teoría de lo que significa ser felices; por ejemplo, la cantidad de dinero que necesitamos para poder sentirnos valiosos y estar más tranquilos, cómo nos gustaría vernos físicamente, o el esfuerzo enorme que hacemos para parecer más maduros (¡o cómo escondemos el paso del tiempo!). Metemos aquí la expectativa de cómo deberían ser nuestras relaciones con otros, problemas que decidi...