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Redefinamos la humildad: un enfoque práctico


 

Hay conceptos que se nos hacen tan místicos o elevados que de pronto no sabemos ni cómo practicarlos. Ser honorables o humildes por ejemplo deberían de ser sacos que sí pudiéramos ponernos, no como otros que sí nos ponemos y ni nos quedan 😉. La Biblia habla así de escoger una vida nueva: simplemente quítate ese saco viejo y ponte este nuevo. Claro que no nos parece tan sencillo a la hora de practicarlo, sobre todo si el saco viejo se ha vuelto más cómodo y tiene algunos hoyos justo en donde los necesitamos.

El asunto es que cuando entendemos o hacemos más claros ciertos conceptos, nos damos cuenta de que no son tan complicados y podemos integrarlos a nuestra rutina. La humildad es un clarísimo ejemplo de eso. Yo oía que ser humilde era necesitar pocas cosas y claro que me venía a la mente aquella imagen de Diógenes todo flaco y arrugado, en medio del desierto necesitando solamente el sol para vivir y francamente no era un platillo que se me antojara comer. El concepto podría ser parte de la humildad, pero hay una forma de entenderla que es mucho más fácil: La Biblia describe a la humildad como la facultad de aprender, o sea, que quien es enseñable, es humilde.

¡Sí! por eso hay un versículo que dice que seamos humildes y no tratemos de impresionar a nadie, sino que veamos a los demás como superiores a nosotros mismos (Fil 2:3). A simple vista podríamos pensar que ser humildes es hacernos menos, pero no se refiere a eso para nada sino a que podamos entender que todos tienen algo que nosotros podemos aprender. En ese sentido, interesarnos y escuchar con atención cuando estamos platicando con alguien es una gran manera de empezar a practicar la humildad.

Finalmente sabemos lo que nosotros sabemos, pero lo que saben los demás no, así es que podemos aprender algo de todos ¿no crees? que eso esté presente en nuestras nuestras conversaciones, porque el que cree que lo sabe todo, es todo lo que va a saber. 

Te dejo un abrazo

Val Morales

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